“Entender el significado de la palabra tiene implicaciones para la investigación biomédica, la educación sexual de la población y la práctica clínica… Investigadores, padres, médicos y educadores sexuales deberían ser cautelosos y no asumir que su propio concepto es el mismo que poseen sus hijos, sus pacientes o sus alumnos cuando se les pregunta sobre este tema”, comentan los autores, dirigidos por Brandon Hill, de la Universidad de Indiana (EEUU).

El estudio estuvo conformado por 204 hombres y 282 mujeres, de 18 a 96 años, quienes han respondido a distintos cuestionarios sobre comportamientos sexuales. Los datos, publicados en la revista ‘Sexual Health’, revelan la falta de consenso en su definición.

De hecho, ¿se considera que el sexo oral lo es? No para un 30% de los participantes de la nueva investigación. En ella, 204 hombres y 282 mujeres, de 18 a 96 años, han respondido a distintos cuestionarios sobre comportamientos sexuales. Los datos, publicados en la revista ‘Sexual Health’, revelan la falta de consenso en su definición.

El 95% de los encuestados opina que las relaciones sexuales con penetración vaginal (PVI, sus siglas en inglés) sí responden al concepto de tener sexo, pero esta cifra desciende hasta el 89% cuando no se produce la eyaculación”.

En cuanto al sexo oral, un 81% de los participantes defiende la existencia de sexo cuando se produce la penetración. Sin embargo, sólo un 77% de los de entre 18 y 29 años creen que esta práctica es sexo, una cifra que desciende hasta el 50% en los varones de más edad y al 67% en las mujeres más mayores.

Miren Larrazabal Murillo, directora del Instituto Kaplan de Psicología y Sexología (Madrid) y Presidenta de la Federación de Sociedades Españolas de Sexología (FESS), explica que el estudio confirma algo que se sabe desde hace tiempo “como es el hecho de que la mayoría crea que sólo son relaciones sexuales aquéllas en las que hay penetración, coito y eyaculación”

Esta disparidad de criterio puede tener repercusiones de todo tipo en las consultas médicas. “Si un médico tiene un paciente con síntomas de enfermedad de transmisión sexual es muy común que le pregunte sobre el número de parejas sexuales. Esta cifra, según se desprende de la investigación, difiere claramente entre los pacientes”.

Lo mismo sucede a la hora de llevar a cabo ensayos clínicos. “Los científicos deben extremar la precaución en la construcción de preguntas, porque de no hacerlo pueden dar lugar a sesgo que distorsionen en gran medida los resultados del trabajo”.

Uno de los aspectos en el que más hacen hincapié los investigadores es en que “existe una indefinición de qué es el sexo en nuestra cultura y medios de comunicación. Si las personas no consideran ciertas conductas sexuales, no pueden pensar que los mensajes de salud sexual que hablan de conductas de riesgo van dirigidos a ellos. La epidemia del nos ha obligado a ser mucho más específicos acerca de la identificación de comportamientos específicos que ponen a las personas en situación de riesgo, pero todavía hay mucho margen para mejorar”

Fuente: Diario Salud.net

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