El ejercicio físico moderado puede influir positivamente en la enfermedad tanto en un plano psicológico, permitiendo un descenso del estrés, la ansiedad y la depresión, como en un plano inmunológico, frenando la progresión de la enfermedad del VIH-1(1), lo que necesariamente llevaría a un incremento en la calidad de vida. El  ha demostrado su eficacia para controlar el estrés y como técnica de relajación capaz de reducir la ansiedad y los síntomas depresivos. Por tanto, el , gracias a sus efectos antiestresantes, podría atenuar el estado de ansiedad y depresión en los pacientes seropositivos.

El presente estudio, recoge investigaciones recientes sobre los efectos de programas de ejercicio físico en los parámetros psicológicos, inmunológicos y cardiorrespiratorios de personas infectadas por . Los primeros estudios se centraban en conocer si los sujetos seropositivos podían realizar ejercicio físico si perjuicio para su salud. Cuando se tuvo evidencia de que el ejercicio no afectaba negativamente al , participaron en las investigaciones sujetos seropositivos en fases más avanzadas de la enfermedad y se probaron diferentes intensidades y tipos de ejercicios.

Laperriere y cols. de la Universidad de Miami, realizaron un estudio en el que casi medio centenar de homosexuales sanos se distribuyeron en dos grupos homogéneos, uno de los cuales seguía un programa de entrenamiento interválico aeróbico en bicicleta ergométrica durante diez semanas y el otro grupo no seguía dicho programa. Ninguno de ellos tenía conocimiento de si estaba o no infectado por el virus hasta la quinta semana en la que se les notificaba su estado serológico tras realizar un análisis sanguíneo. Los sujetos que dieron positivo en el test y que no estaban realizando el programa de ejercicio mostraron un aumento significativo de la ansiedad y una disminución del número de células NK. Los que siguieron el programa de ejercicio, por el contrario, no sólo no tuvieron bajadas de sus niveles de ansiedad y depresión, sino que además aumentaron el número de células CD4, siendo este aumento mayor en los seropositivos que en los seronegativos del grupo de ejercicio. Teniendo en cuenta que una disminución en este tipo de células se ha relacionado con un empeoramiento de la función inmunológica y una aceleración en la progresión de la enfermedad, estos resultados demuestran que el ejercicio físico de carácter aeróbico puede normalizar el estado inmunitario del sujeto y, por tanto, retrasar la progresión de la enfermedad, al menos en sujetos infectados pero asintomáticos.

Resultados parecidos se obtuvieron en un estudio realizado por Schlenzig y cols. en Alemania, pero esta vez entre los 28 sujetos seropositivos participantes había algunos en fases más avanzadas de la enfermedad. Una de las novedades que planteaba el estudio era que las sesiones de ejercicio se dedicaban casi exclusivamente a la realización de deportes colectivos que, aunque más difíciles de controlar que los ejercicios realizados en bicicleta ergométrica o tapiz rodante, resultaban más motivantes y socializadores para los sujetos que siguieron el tratamiento.

Florijin y Geiger evaluaron el efecto del ejercicio aeróbico sobre la longevidad de pacientes seropositivos gracias a una mejora de su calidad de vida y del estado inmunológico. Los resultados preliminares concuerdan con los anteriores: los sujetos que siguen el programa de ejercicio mejoran su estado psicológico e inmunológico y estas mejoras son significativas si se comparan con un grupo control que no realiza más actividad física de la habitual. Este programa de ejercicio, de una frecuencia de dos sesiones de noventa minutos a la semana, incluye gimnasia, juegos, entrenamiento de resistencia y relajación.

Asi, bajo el supuesto de que un programa de ejercicio aeróbico puede producir adaptaciones fisiológicas relacionadas con la función muscular y el estado cardiorrespiratorio, puede aumentar algunos componentes críticos de la inmunidad celular así como actuar como un amortiguador de los cambios en los estados de ánimo que normalmente acompañan al estrés,lo cual constituye una herramienta prometedora para ayudar a las personas infectadas por VIH-l.

Como conclusión,  los autores del estudio recomiendan que las personas infectados por VIH-l deben comenzar, tras un examen físico completo, un programa de ejercicio aeróbico cuando todavía estén sanos.

Fuente: Federación Española de Medicina del Deporte