Una tesis doctoral muestra la percepción negativa y estereotipada que existe sobre la enfermedad. Uno de cada tres españoles confiesa que discriminaría a una persona por estar infectada con el virus del VIH, evitando, “a toda costa”, el contacto con estos pacientes en diferentes situaciones de la vida cotidiana, cambiándose de trabajo o, incluso, trasladando a sus hijos de colegio “para evitar un posible contagio”.

Estos son los datos que se desprenden de la tesis La percepción del estigma de las personas con VIH: sus efectos y formas de afrontamiento, presentada por María Jesús Fuster en la Facultad de Psicología de la UNED. El objetivo del trabajo, cuenta la autora, es “concienciar a la sociedad en la construcción de un mundo más justo para los afectados por esta enfermedad”.

En hay entre 150.000 y 200.000 personas que viven con el VIH, de las que 50.000 han desarrollado la enfermedad. El 82% de los infectados dice sentirse “marginado” por la sociedad y considera que el “estigma y la discriminación” son las principales dificultades a la que se enfrentan a diario, por encima de los problemas de salud y de los efectos de la medicación.

Según el estudio, eso tiene que ver con la percepción negativa y estereotipada que se tiene sobre la enfermedad, a pesar de las numerosas campañas informativas que se han llevado a cabo en los últimos años. “El desconocimiento es absoluto. Tanto es así que el 55% de la población sigue pensando que se trasmite por la picadura de un mosquito”, explica Fuster.

El miedo injustificado al contagio y los prejuicios existentes, explica, hacen que quienes presentan la enfermedad acaben por autoexcluirse o, incluso, lo oculten para evitar ser discriminados abiertamente. “El 42% acaba desarrollando un profundo sentimiento de culpa que, unido al miedo de infectar a otros y al , les lleva a la autoexclusión”, señala la autora.

En su opinión, el hecho de que el 20% de los españoles considere que las personas con VIH deberían vivir separadas del resto para evitar contagios, está directamente relacionado con la culpabilidad y el aislamiento que perciben los afectados. “Cuanto mayor es la gente, más rechazo siente”, subraya Fuster, que cuenta que más de la mitad de los mayores de 55 años tiende a marginar a este colectivo.

Por sexos, la tesis muestra que las mujeres con VIH son más vulnerables que los hombres y viven peor la estigmatización. “Ellas son muchos más sensibles frente al rechazo y, a la necesidad que tienen de contarlo para compartir su enfermedad con los demás, se opone su temor a ser discriminadas, por lo que, en muchos casos, deciden ocultarlo”, explica la experta.

Los procesos de concienciación y sensibilización social, a través de las y de los mensajes que trasladan los medios de comunicación son, a juicio de los expertos, la clave para ir normalizando la enfermedad y reduciendo el estigma que soportan los afectados. Algo, para lo que sería “fundamental” un esfuerzo “de alto nivel”, concluyen.

Fuente: JANO.es

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