¿Cómo se desarrolla un individuo portador del en su entorno familiar, social y laboral? ¿Cuáles son sus prácticas alimentarias, físicas o religiosas? Estas son interrogantes que los médicos o científicos no pueden responder porque es un campo propio de los antropólogos.

A diferencia de las investigaciones clínicas y epidemiológicas para tratar al Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), los antropólogos físicos y sociales se han dedicado a convivir directamente con las personas que viven con esta enfermedad.

Se trata, dicen, de describir y analizar la forma en que un grupo de personas con VIH viven su realidad biológica, social y cultural, datos que las estadísticas no reflejan.

Según el antrópologo Bernardo Robles, las investigaciones en torno al Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) desde una perspectiva antropológica radica en ver la experiencia social del padecimiento, y tiene como objetivo mostrar que cada grupo social (ya sea homosexuales, heterosexuales, mujeres, niños, prostitutas o indígenas) tiene formas distintas de explicar y de relacionarse con la enfermedad.

“Como antropólogos, no tenemos las herramientas médicas, ni datos o cifras epidemiológicas, a lo que nos dedicamos es a hacer estudios de casos, estudios cualitativos; buscamos datos en cada uno de los personajes”, señala Bernardo Robles, quien asegura que su interés en torno al tema parte de la experiencia de ver morir a uno de sus profesores, cuando cursaba el tercer semestre de la licenciatura de Física en la Escuela Nacional de e Historia (ENAH).

La herramienta, dicen los antropólogos, es la convivencia con el grupo de estudio. “Cuando vas con la persona no nada más quieres saber si el tratamiento es efectivo o no, si tiene enfermedades contagiosas, cuáles son los efectos secundarios del medicamento. Lo que nos importa como antropólogos es saber qué es lo que vive, sus temores, sus aflicciones, sus gustos, sus incertidumbres”, asegura Robles, autor del ensayo “TelSIDA como espacio de interacción: Encuentros y desencuentros en su relación con los usuarios”.

De acuerdo con la antropóloga Samantha Mino, una de las principales investigaciones antropológicas que se han realizado en México es la que en los años 90 realiza el antropólogo físico Xavier Lizárraga, aplicada a la población de la ENAH, y publicada bajo el título de “Algunos pre-textos, textos, y subtextos ante el SIDA”.

Esta investigación, dice la antropóloga, representa un primer acercamiento de la antropología física a la problemática del SIDA, y deja en claro la importancia de los estudios, no sólo desde la salud pública, la genética, la virología, la inmunología, sino de investigaciones sociales que aborden la complejidad del humano.

Dice que en seguida se van dando estudios antropológicos sobre la enfermedad. Se comienza ha abordar el tema desde una visión de género como lo hace la misma Samantha Mino en Mujeres. La experiencia de vivir con .

Situación de la mujer mexicana frente al VIH/SIDA (1997), de Patricia Uribe y Silvia Panebianco, en el cual mencionan que el papel social asignado a las mujeres en la cultura mexicana favorece la sumisión ante un compañero sexual, de tal forma que se encuentra en una posición del vulnerabilidad al VIH y otras infecciones de transmisión sexual, es otra de las investigaciones que aborda este tema desde una perspectiva de género.

Otras de las investigaciones son las que se han realizado respecto a los grupos heterosexuales, como el que realiza Bernardo Robles en La incertidumbre de una realidad fragmentada: La experiencia de vivir con VIH.

A pesar de que existe un panorama amplio en las investigaciones antropológicas sobre el SIDA, según la antropóloga María de la Luz Sevilla González, hacen falta estudios en torno a algunos grupos vulnerables, como los niños o las comunidades indígenas.

Aunque un primer acercamiento al trabajo con las comunidades rurales ya ha sido abordada en investigaciones como la que realiza Alejandra Lámbarri Legarreta en 2003, titulada “Sida en la ciudad de Chihuahua. Una realidad negada”, en la que documenta algunos rasgos que caracterizan la experiencia de un padecimiento como el VIH/SIDA en un medio urbano industrializado.

En ese mismo año, 2003, la antropóloga social Georgina Esquivel publica también su tesis de licenciatura, la cual se titula “Entre la aguja y las relaciones sexuales. Un análisis del VIH/SIDA en usuarios de drogas inyectables en el municipio de San Pedro de las colonias en el estado de Coahuila, México”, la cual se centra en el caso particular de esta comunidad.

A la par de las investigaciones que se realizan en instituciones educativas, como la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), el Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolita (UAM) y hasta en el Colegio de México, los antropólogos buscan plataformas de difusión de sus investigaciones en congresos, seminarios o publicaciones dedicadas a al sexualidad. Algunos congresos son el “Congreso internacional salud, Enfermedad de la prehistoria al siglo XXI”, que organiza anualmente la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH (DEAS/INAH), así como el Congreso Nacional sobre VIH/SIDA, organizado anualmente por el CENSIDA, y la Semana Cultural de la Diversidad Sexual.

Entre las publicaciones destacan las que se pueden ver en revistas donde se aborda el tema de la sexualidad y prevensión de enfermedades de transmisión sexual como el suplemento Letra S o la revista anual de Diversidad Sexual, que dirige la antropóloga Edith Yesenia Peña Sánchez.

Fuente: El Universal

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