La OMS confirma que, a nivel mundial, el sigue siendo la principal causa de mortalidad entre las en edad reproductiva, especialmente en los países de ingresos bajos y medios y a pesar de que hoy en día más de cuatro millones de personas reciben tratamientos antirretrovirales en estos países.

Según el informe “Hacia el Acceso Universal” de ONUSIDA, en 2008 el acceso a los tratamientos para el VIH para las mujeres y los niños mejoró sensiblemente. El 21% de las mujeres embarazadas en países de ingresos bajos recibió una prueba de VIH, frente al 15% en 2007. Aproximadamente el 45% de las mujeres embarazadas seropositivas recibieron antirretrovirales para prevenir la transmisión del VIH a sus hijos, frente al 35% en 2007. Sin embargo, aún 410,000 niños se infectan con el VIH cada año, la mayoría por transmisión vertical.

También más niños y niñas se benefician de programas de tratamiento antirretroviral pediátrico: el número de menores de 15 años de edad que recibieron tratamiento antirretroviral aumentó de aproximadamente de 198.000 en 2007 a 275.700 en 2008, alcanzando al 38% de los necesitados.

Tal y como señala el organismo en su agenda de trabajo para el periodo 2010-14, las mujeres son ahora un objetivo central a tener en cuenta. En el África subsahariana representan el 60% de las personas infectadas por el VIH y en el Caribe las mujeres jóvenes tienen 2,5 veces más probabilidades de infectarse con el VIH que los hombres jóvenes.

Esta mayor vulnerabilidad va unida en los países de ingresos bajos y medios con más fuerza aún a factores sociales y culturales. Los roles de género que conducen a relaciones de poder desequilibradas y la violencia sexual directa sobre las mujeres son claros agravantes, más visibles aún en zonas marginales y en condiciones de vida de pobreza. Sin embargo, advierte el informe, hace falta mucha más investigación para entender y esclarecer la especial vulnerabilidad de las mujeres frente al VIH, y poder así generar estrategias para combatirlo.

La falta de acceso a los servicios, las diferencias de poder económico y jurídico entre hombres y mujeres, la coacción sexual y la violencia limitan también la capacidad de las mujeres y las niñas a ejercer sus derechos.

El estigma y la discriminación afectan desproporcionadamente a las mujeres y las niñas, que tienen menos probabilidades de tener acceso a los servicios, revelar que son seropositivas o negociar prácticas sexuales más seguras por temor a ser maltratados, rechazados o víctimas de la violencia.

La pérdida de salud no es la única adversidad a la que tendrán que enfrentarse las mujeres de las poblaciones más desfavorecidas. En estos países, además, son las mujeres quienes se ocupan de cuidar a las personas enfermas. Mujeres y niñas pagan por esta lacra perdiendo la oportunidad de participar en la generación de ingresos y en la educación, hipotecando su futuro.

Es fundamental que las mujeres y las niñas empiecen a tomar el control de su propia sexualidad para garantizar la prevención del VIH, y esta posibilidad está muy lejana en muchas partes del mundo. La lucha contra la expansión del virus pasa allí por el empoderamiento de las mujeres.

Fuente: Género con Clase

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