Según los resultados de un estudio publicado en la edición del 15 de enero de The Journal of Infectious Diseases, realizar pruebas genéticas a los pacientes con VIH podría ayudar a identificar a aquellos que tienen un mayor riesgo de desarrollar relacionados con determinados fármacos antirretrovirales.

Los acontecimientos adversos asociados a la medicación pueden condicionar el adecuado seguimiento del tratamiento y afectar a la calidad de vida de las personas con VIH. Se calcula que hasta un 45% de los pacientes que empiezan a tomar la terapia por primera vez pueden cambiar o interrumpir el tratamiento como consecuencia de los efectos secundarios durante el primer año. Por tal motivo, resulta crucial desarrollar pruebas de laboratorio cuyos resultados permitan a médicos y pacientes descartar el uso de ciertos medicamentos o, como mínimo, utilizarlos con precaución.

Hasta el momento, la investigación farmacogenética en el ámbito del VIH sólo ha podido identificar de forma concluyente una variante de un gen, el alelo HLA-B*5701, con un efecto adverso: la reacción de hipersensibilidad asociada a abacavir (Ziagen®; también en Kivexa® y Trizivir®). Este hallazgo permitió desarrollar un test genético que detecta la presencia de dicho alelo y cuyo uso lo recomiendan en la actualidad todas las directrices de tratamiento antes de que los pacientes empiecen a tomar abacavir.

Algunos estudios han sugerido también que determinados alelos (CYP2B6, CYP2A6 y CYP3A4) podrían aumentar las concentraciones en sangre de efavirenz (Sustiva®; también en Atripla®), lo que podría incrementar el riesgo de efectos secundarios sobre el sistema nervioso central. Asimismo, los alelos UGT1A1, ABCB1 (MDR1) y NR112 (PXR) se han asociado con el desarrollo de hiperbilirrubinemia en personas que toman atazanavir (Reyataz®). Ambos efectos secundarios se relacionan muy estrechamente con la interrupción del tratamiento. También existen ciertos indicios de que determinados alelos podrían aumentar el riesgo de experimentar elevaciones en los lípidos en pacientes que toman inhibidores de la proteasa, y de problemas renales en personas que reciben tenofovir (Viread®; también en Truvada® y Atripla®). No obstante, en todos estos casos, la influencia de los alelos mencionados no es un factor predictor tan sólido como lo es el alelo HLA-B*5701 para la reacción de hipersensibilidad a abacavir.

Con el fin de determinar si otros alelos distintos a HLA-B*5701 podrían predecir una mala tolerabilidad a determinados medicamentos antirretrovirales, un equipo de investigadores de la Universidad de Lausanne (Suiza) analizaron de forma retrospectiva los datos de 577 pacientes inscritos en el Estudio de la Cohorte Suiza del VIH, que habían comenzado el tratamiento contra el VIH por primera vez entre 2004 y 2008, y realizaron pruebas genéticas de sus muestras de sangre almacenadas.

Los fármacos específicos incluidos en el ensayo fueron abacavir, tenofovir, efavirenz, lopinavir/ritonavir (Kaletra®) y atazanavir potenciado por ritonavir (Norvir®). Los investigadores identificaron en la literatura científica 23 variantes genéticas (alelos) relacionadas con efectos secundarios y evaluaron la solidez de la asociación entre los alelos específicos y la interrupción del tratamiento como consecuencia de los acontecimientos adversos tras ajustar los datos por edad, peso corporal, sexo, origen étnico, recuento de CD4, carga viral, vía de exposición al VIH y embarazo.

Los resultados muestran que ni para lopinavir/ritonavir ni para tenofovir se halló una relación significativa entre los alelos específicos y la suspensión del tratamiento. Sin embargo, las personas con variantes genéticas que predisponen al desarrollo de efectos secundarios asociados a efavirenz (71% frente a 28%) y a atazanavir (63% frente a 15%) tuvieron de forma significativa más probabilidades de interrumpir el tratamiento que los pacientes que no tenían dichos alelos.

El análisis estadístico reveló que los factores genéticos de riesgo multiplicaron por 3 la probabilidad de interrumpir el tratamiento con efavirenz (cociente de riesgo [CR]: 3,14; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,35 – 7,33; p= 0,008); y por 9, la probabilidad de abandonar la toma de atazanavir (CR: 9,13; IC95%: 3,38 – 24,69; p <0,001).

El examen de las notas tomadas en la consulta por los médicos también sugirió una relación entre los factores de riesgo genéticos y la interrupción del tratamiento. En los pacientes con marcadores farmacogenéticos hubo una mayor probabilidad de que los médicos registrasen la toxicidad como el motivo para interrumpir el tratamiento que en aquellas personas que no tenían tales alelos (62% frente a 12% en el caso de efavirenz, p<0,001; y 33% frente a 7% en el caso de atazanavir, p= 0,004).

Los investigadores concluyen que “de entre las 23 variantes genéticas incluidas en el estudio, las previamente asociadas con [aumentos de] los niveles en plasma de efavirenz, y las relacionadas con hiperbilirrubinemia causada por atazanavir se relacionaron con interrupción prematura del tratamiento”. Por otra parte, añaden que el análisis de marcadores genéticos podría llevar a una mejor prescripción de atazanavir y efavirenz. Para tal fin, sugieren la realización de un ensayo clínico prospectivo que confirme los resultados de su análisis y proporcione las bases para medir si esta estrategia podría resultar rentable.

Fuente: gTt Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH

Referencia: Lubomirov R, Colombo S, di Iulio J. Association of pharmacogenetic markers with premature discontinuation of first-line anti-HIV therapy: an observational cohort study. JID. 2011 (15 Jan); 203: 246-257.

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