Si bien todos reconocemos la importancia fundamental de los recursos del para las respuestas nacionales y regionales al , la tuberculosis y la malaria, no siempre tenemos la oportunidad de ver los números que nos permitan dimensionar los alcances de la iniciativa que llegó para revolucionar las respuestas y los roles de los actores.

Probablemente, la complejidad de los procesos de formulación y gestión de propuestas para el Fondo Mundial sea una experiencia cercana para muchos y muchas de nosotras; sin embargo, pocas veces avanzamos hacia el conocimiento profundo –y necesario- de los proyectos locales y regionales, los cuales no pretenden suplantar las acciones que los países deben asumir sino, por el contrario, complementarlas. Pese al componente cualitativo y hasta subjetivo que matiza los proyectos, es necesario conocer los números, enfrentarse a los datos brutos y a las cifras que nos permitan medir y dimensionar el efecto del Fondo Mundial en la región.

, Responsable del equipo para Latinoamérica y el del Fondo Mundial, presentó algunas cifras en la jornada de cierre de la Consulta Regional sobre Acceso Universal. Explicó que, desde la llegada del Fondo Mundial a la región en 2003, fueron aprobadas 123 propuestas para 33 países, por un monto total de 2.141 millones de dólares norteamericanos: 1.500 para VIH, 322 para malaria y 319 para tuberculosis, de los cuales hasta hoy se han desembolsado 1.003 millones (menuda faena nos espera para cumplir con los proyectos aprobados o en desarrollo). El detalle de las 123 propuestas aprobadas nos dice que 62 de ellas han sido para VIH y SIDA, 25 para malaria y 36 para tuberculosis.

Si bien es común la percepción de que la mayor inversión en VIH se hace en materia de atención, Occhini puntualizó que la información actualizada lo desmiente: un 44% se destina a prevención, 26% a tratamiento, 8% a apoyo y atención, 17% a entorno de apoyo a los programas y 5% a fortalecimiento de los sistemas de salud.

Atendiendo a las particularidades sociales, culturales y políticas, así como a los perfiles epidemiológicos de los países, Luca Occhini detalló que de estos 2.141 millones aprobados, 61% se ha quedado en América Continental y 39% en el Caribe. Y de este monto total, un 70% ha sido destinado a la respuesta al VIH, un 15% a la tuberculosis y el restante 15% a la malaria.

En cuanto a la distribución de los fondos por subregiones según cada enfermedad, vemos que en materia de VIH el 52% de los recursos va para el Caribe y el 48% para América Continental; para tuberculosis, 81% se destina al continente y 19% al Caribe; con relación a la malaria, 78% se ha designado para el continente y 22% para el Caribe.

Estos fondos han sido administrados a través de Receptores Principales, de los cuales 26% son gubernamentales (a cargo del 15% del presupuesto total) y 74% no gubernamentales (a cargo del 85% de los recursos). Han sido contratadas 6 firmas internacionales de auditoría, las cuales se han constituido en Agentes Locales del Fondo o ALF, como coloquialmente las conocemos.

La claridad en torno a la información cuantitativa es igual de importante que los aspectos cualitativos y nos permite interpretar las realidades con evidencia, por lo que es importante también para la gestión y administración de recursos. En Latinoamérica y el Caribe el Fondo Mundial es el principal socio en materia de cooperación y complementariedad, por lo que es necesario conocerlo y entenderlo en toda su dimensión.

La articulación de respuestas regionales es fundamental, pero lo es también conocer las particularidades y necesidades locales, con el fin de no minimizar o estandarizar respuestas que uniforman pero no impactan.

 

Fuente:  Corresponsales Clave

 

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