El primer análisis a gran escala sobre la en pacientes africanos con lanza unos resultados más que esperanzadores. La les permite vivir casi tantos años como sus compatriotas sin la infección. Eso sí, hay diferencia entre pacientes. Por ejemplo, los fármacos otorgan más tiempo de vida a las mujeres adultas que a los hombres y adolescentes.

Lo afirma un equipo del Centro de Excelencia BC en VIH y de la Universidad de Bristish Columbia tras haber estudiado a 22.315 seropositivos en Uganda, lugar elegido porque refleja bien la situación de muchos otros países del continente, ya que ofrece atención en el área rural, semi rural y urbana.

“Nuestros descubrimientos demuestran que la inversión global en la lucha contra el funciona y debe continuar”, explica el doctor Mark Dybul, principal autor del trabajo que publica la revista ‘Annals of Internal Medicine’. Los hallazgos a los que hace referencia son los años de vida ganados por los pacientes con SIDA que iniciaron el tratamiento antirretroviral entre 2000 y 2009.

En Uganda, la esperanza de vida media al nacer ronda los 55 años y ésta va aumentando a medida que las personas van superando etapas clave. Al cumplir los 20 pueden ganar unos 26,7 años adicionales y al cumplir los 35 pueden esperar vivir otros 27,9 años. Eso en la población sana. Entre los participantes seropositivos la situación es algo peor, pero bastante mejor de lo que se sospechaba. A los 20 años, la esperanza de vida de los hombres con VIH es de otros 19,1 años mientras que para las mujeres es de 30,6 años más y a los 35 ellos pueden esperar vivir otros 22 años y ellas una década más, 32 años.

Estas grandes diferencias entre sexos se debe, según los autores, a que los varones normalmente acuden al médico mucho más tarde, cuando la enfermedad ya está avanzada y tienen mayor tasa de mortalidad. “En cuanto a aumentar el acceso a los servicios de salud, los hombres son el gran reto”, indica el doctor Edward Mills, investigador y profesor de la Universidad British Columbia.

Otra de las cosas que observaron los investigadores es que cuanto antes se empiece a tomar los fármacos, más se alargará la vida del paciente con SIDA. “Gracias al tratamiento, el diagnóstico de VIH en países de bajos ingresos ya no es una sentencia de muerte. Los infectados pueden prepararse para tener una vida más o menos larga”, añade Mills. No obstante, los autores recuerdan que estos beneficios sólo se consiguen siempre y cuando “la terapia sea continuada de por vida y, para ello, es necesario que los países donantes sigan aportando dinero”.

“Necesitamos mayor inversión y formulaciones más simples de los fármacos para atender a los afectados por la epidemia en África”, señala Jean Nachega, profesor de Medicina del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad Stellenbosch de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Pese a la importancia de los hallazgos y la nueva confirmación de que los antirretrovirales salvan vidas, la realidad actual, sólo en Uganda es que 200.000 seropositivos están recibiendo la terapia pero hay otros 200.000 pacientes que necesitan los fármacos y no los reciben.

Estudios similares llevados a cabo en Europa y EEUU indican que quienes empiezan la terapia antirretroviral a los 20 años pueden esperar vivir otros 49 años más. Desde 1996, fecha de la introducción del tratamiento de gran eficacia (TARGA), la esperanza de vida de estos pacientes ha aumentado un 81%, recoge el estudio.

La esperanza de vida y la mortalidad son importantes indicadores de la salud de la población. La infección por VIH ha influido negativamente en ambos aspectos, sobre todo en África. En un editorial que acompaña al trabajo, firmado por Deborah Cotton, ex directora del ‘Annals of Internal Medicine’, recuerda que entre 1950 y 1990, la esperanza de vida en el África subsahariana descendió de forma abismal y el VIH fue el principal responsable de esta caída.

Como el virus se transmite en esos países sobre todo a través de la vía sexual, los jóvenes fueron afectados de manera desproporcionada, privando a África de mano de obra y dejando una generación de niños huérfanos. El futuro del continente estaba más negro que nunca. Con la llegada de los fármacos, la epidemia de SIDA se dividió en dos diferentes: la de los países ricos que podían pagar el tratamiento y cambiar el rumbo de la infección y la de los países pobres, que no tenían dinero para adquirirlos.

Sin embargo, los Gobiernos, las ONG y diversas instituciones se dieron cuenta de lo que ocurría y decidieron pasar a la acción. Desde el año 2000 las cosas han mejorado mucho y la terapia va poco a poco llegando a quienes lo necesitan. “Treinta años después de una de las peores pandemias de la historia, es el momento de empezar a controlar la infección en África”, afirma.

 

Fuente: El Mundo

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