Una Serie de Ocho artículos publicada en The Village Voice y galardonada con el premio Pulitzer 2000 al mejor reportaje internacional. Parte 4: El virus Pasado y Futuro. Hay dos epidemias de SIDA y es posible que haya otras más en el futuro.
Franceville (Gabón). La experta en primates Caroline Tutin iba a tomar el avión en su lugar de residencia, en Africa, cuando atrajo su atención un niñito de andares aún inseguros y tocado con un gorro para el sol. Un instante después se quedó pasmada ante su horrible confusión. El niño era un chimpancé. Los dueños del animal, unos franceses que vivían en el ecuatorial Gabón, no tenían niños y trataban al animal como si fuera su hijo, incluso le habían puesto su propia habitación, decorada como el de una niña pequeña. Hace aproximadamente diez años, Amandine, que es como habían bautizado al chimpancé, se puso enferma. Sus dueños -que insistían en que se les llamara padres de la criatura- llevaron al animal al CIRM (Centre International de Recherches Medicales, o Centro Internacional de Investigación Médica) de Franceville, en Gabón, un centro de prestigio mundial en el campo de los primates.
Los científicos nunca llegaron a descubrir qué era lo que aquejaba a la mona pero, además de los vestidos de Amandine y de más del 98 por ciento de ADN (ácido desoxirribonucleico) que chimpancés y personas tienen en común, encontraron en ella otro punto de contacto con los seres humanos. Amadine fue el primer chimpancé que se descubrió que estaba infectado por el SIV (virus de inmunodeficiencia símica), el equivalente al VIH (virus de inmunodeficiencia humana) en los simios. Debido a la similitud genética entre los virus del chimpancé y del hombre, parecía que el VIH había tenido su origen en los chimpancés, una teoría sólo confirmada en febrero de este año por la investigadora de la Universidad de Alabama Beatrice Hahn, que parece haber identificado la subespecie exacta de chimpancé (Pan troglodytes troglodytes) que alberga el virus primigenio del VIH. Este descubrimiento no supone tan sólo una mera anomalía histórica.
Existen pruebas contundentes de que el virus ha pasado de los animales a los seres humanos en al menos siete ocasiones. Desgraciadamente, la forma en que se ha dado a conocer este descubrimiento científico, de capital importancia, está arruinando su credibilidad en Africa, el lugar en el que se producen la mayor parte de las nuevas variedades de VIH. Cuando Hahn presentó sus descubrimientos en Chicago, ante aproximadamente unos 5.000 investigadores sobre el SIDA, ella puso cierto énfasis en que el virus podía haber pasado de los monos a los seres humanos en el curso de la caza y descuartizamiento de chimpancés, una costumbre habitual que ha proporcionado proteínas a los africanos de la selva tropical durante cientos de años.
La caza de la “carne de las ramas” se ha comercializado, sin embargo, lo que lleva a la extinción de los monos. Para reforzar su versión, Hahn proyectó diapositivas de chimpancés sacrificados. Murmullos de desaprobación se levantaron entre la normalmente circunspecta audiencia de científicos y no pasó mucho tiempo sin que, en el `The New York Times Magazine’, se comparara comer chimpancés con el canibalismo. Para muchos africanos, aquello fue un signo más de que no podía darse crédito ni a lo más mínimo del pensamiento occidental, incluída la ciencia. A partir de las informaciones de los medios de comunicación, muchos africanos descalificaron la investigación científica como simplemente otro instrumento más de denigración de su cultura.
“En Francia comen ranas y ostras, lo cual a nosotros nos parece francamente insólito”, afirma Léopold Zekeng, director del programa nacional de investigación del VIH de Camerún. Comer monos y antropoides, asegura él, “es parte de nuestra cultura”. Presentarlo como una costumbre bárbara podría tener un efecto contrario al pretendido, advierte Zekeng: “Los políticos podrían cerrar filas y decir que no quieren que se hagan más investigaciones porque podría llegarse a descubrimientos que conducen a una mayor discriminación”. De hecho, la investigación sobre los orígenes del SIDA podría contribuir a salvar africanos y a cualquiera, debido a que el virus está todavía en sus primeras fases: todavía en mutación y en el paso de antropoides y monos a los seres humanos.
Zekeng recuerda como si fuera hoy a aquella paciente de 26 años de edad a la que él llama la señorita A. En 1991 se presentó en su laboratorio de Yaundé, la capital del Camerún, con “todos y cada uno de los síntomas del SIDA: diarrea, fiebre, pérdida de peso, hinchazón de nódulos linfáticos… Yo estaba seguro al 200 por ciento de que daría positivo en el análisis del VIH”.
Pero no fue así. Zekeng envió la muestra de sangre a un sofisticado laboratorio alemán y se descubrió que la mujer estaba infectada por una nueva variante del VIH, hasta entonces no documentada, denominada Grupo O. Es tan diferente, desde el punto de vista genético, que los científicos no creen que sea una evolución de las principales especies del VIH sino que implica una transmisión diferente de los chimpancés a los seres humanos.
Dieciocho meses después de que la señorita A se presentara en el despacho de Zekeng, el virus acabó con ella. Precisamente el año pasado, otro equipo de investigadores encontró una variedad del VIH, el Grupo N, que se encuentra más estrechamente relacionado con los virus de los chimpancés que cualquier otro encontrado hasta ahora en seres humanos.
Al igual que en el caso del Grupo O, los científicos afirman que ha llegado a los seres humanos mediante su propia y particular migración de una especie a otra. Además, tampoco aparece en los análisis convencionales de sangre. “Todavía veo pacientes con los síntomas clínicos del SIDA que, sin embargo, dan seronegativo en todos los tipos de análisis”, dice Zekeng.
“Los virus del SIDA no se han acabado -coincide en señalar Preston A. Marx, otro experto en la evolución del VIH, que trabaja en el centro de investigación del SIDA Aaron Diamond-. Existe la posibilidad de que aparezcan más. Es posible que lleguemos a desarrollar una vacuna contra el SIDA y que haya virus contra los que la vacuna no sea eficaz. No se trata de ciencia ficción. Todavía aparecen nuevos virus, virus que pueden causar el SIDA”.
¿ En el apacible anochecer de la selva tropical, a la vera de una carretera de polvillo rojo por la que pasan camiones que transportan troncos, al sur del Camerún, el vino de palma fluye generosamente mientras un grupo de gente del lugar charla alrededor de una hoguera. Todos los hombres son cazadores y aprovechan todo lo que den de sí los bosques, desde unos pequeños antílopes llamados `duikers’ hasta los grandes antropoides.
“Nuestros padres eran cazadores, y los padres de nuestros padres”, dice Gerard Ampoh Mentislé. Pero la manera de cazar ha cambiado. Además de lanzas y trampas, los cazadores emplean ahora armas de fuego, algunas, de fabricación casera, hechas a partir de ejes de camión. La munición sale cara, así que la obtienen de cazadores furtivos que venden en las ciudades la carne que sacan. En ocasiones, la munición constituye la única remuneración de los cazadores. Cuando logran que se les pague en efectivo, emplean el dinero para comprar jabón o combustible con el que alimentar sus farolas de gas. Aquí, nadie tiene electricidad. Carecen además de la protección higiénica más elemental, como podrían ser unos guantes. Cuando se procede al descuartizamiento y la preparación de los animales, la sangre salpica la piel de los cazadores. Los científicos especulan con que el virus podría penetrar en ellos a través de cortes y pequeñas heridas. Sin embargo, estos cazadores y bebedores de vino de palma no están tan convencidos.
“Llevamos años comiendo chimpancés y monos y nunca se ha puesto nadie enfermo de SIDA -afirma Lazare Ampomadjimi-, así que eso no es verdad”. Por todas partes hay gente que tiene teorías sobre cómo empezó el SIDA. “El camerunés medio le dirá que todo empezó en Los Angeles, con la comunidad homosexual -afirma Zekeng-, o que se trata de un virus que han producido los americanos para la guerra biológica”.
En Senegal, Sara Sagne, que dirige una cooperativa de medicina tradicional, ofrece la teoría probablemente más poética. Según él, cuando orinan perros contagiados por la enfermedad, se levanta una llamarada que chamusca la tierra y produce un hedor nauseabundo. Una persona que aspire ese olor puede contraer el SIDA. Sin embargo, no es una explicación más fantasiosa que la del profesor Peter Duesberg, de la Universidad de California, en el sentido de que el SIDA no está causado por el VIH sino por el abuso de fármacos, incluso por el AZT, el fármaco antiSIDA.
De hecho, la misma metodología que ayudó a los científicos a determinar que el virus de la gripe proviene de los cerdos y los patos ha convencido a la mayor parte de ellos de que el VIH proviene de los chimpancés. Dice Zekeng: “Cuando me fijo en los análisis filogenéticos -un método de comparación del ADN que revela hasta qué punto están relacionados entre sí unos organismos cualesquiera-, no me cabe duda de ello”. Los virus del SIDA de los seres humanos y de los chimpancés, añade, “es verdad que están enormemente próximos”.
Otra razón para creer que el virus tuvo su origen en Africa es la de que en el continente se registra una mayor variedad de especies del VIH que en cualquier otra parte del mundo. La mayor diversidad genética de un organismo se da en su zona de origen, puesto que las especies que emigran de esa zona de origen representan sólo una parte del total, no más de uno o dos grupos. Es más, efectivamente, los chimpancés viven en la región del Africa central en que se detectaron los primeros casos de SIDA. Por último, parece que los chimpancés no caen enfermos de su propia variante de VIS, lo que da a entender que ellos y sus virus han evolucionado en paralelo (Hahn está tratando de resolver el misterio de por qué los chimpancés infectados se mantienen sanos, lo que podría dar paso a tratamientos médicos en las personas).
Con todo, susceptibles durante siglos a los estereotipos de los blancos, muchos africanos consideran que la teoría de que el VIH proviene de los antropoides no es más que otra calumnia contra “el continente negro”. El presidente keniata Daniel Arap Moi denunció la teoría de la procedencia africana como “una nueva forma de la campaña de animadversión” en contra de Africa, de acuerdo con el libro de Laurie Garrett `The Coming Plague’ (‘La plaga inminente’). A principios de este año, Zekeng se negó a que un periódico de Nueva York le hiciera una foto porque “veía que iban a llenar de monos la primera página”. El tiene otro miedo, “esos periodistas que apuntan su cámara y dicen “estos africanos negros son los causantes del VIH”.
Ahora, imagínese que usted y yo somos vecinos. ¿Cuál será su reacción a la vista de este espectáculo? ¿Qué va a pasar si mi hijo se pone a jugar con el de usted? ¿Cómo le va tratar usted? Todo eso alimenta el racismo”. Muchos africanos corrientes subrayan que la enfermedad se detectó por vez primera en varones homosexuales blancos a medio mundo de distancia; por tanto, ¿cómo es posible que sea Africa su origen? No obstante, dado el largo período que transcurre entre la infección por el VIH y la enfermedad, las facilidades para viajar entre unos países y otros y el sistema de control médico del mundo industrializado, resulta perfectamente plausible que el VIH pueda haberse detectado por vez primera lejos de su lugar de origen.
Edward Mbidde, un destacado investigador ugandés sobre el SIDA, asegura de modo terminante que “no es cuestión de fanatismo el afirmar que el virus tuvo su origen en Africa”. A pesar de todo, la forma en que se difunde la teoría puede resultar escandalosamente racista. Peter Piot, en estos momentos director del UNAIDS (el programa de las Naciones Unidas contra el SIDA), recuerda la primera conferencia mundial sobre el SIDA en 1985. Sólo había tres científicos africanos, todos ellos procedentes del Zaire, de habla francesa, y Piot actuó de traductor para ellos.
En la conferencia se dió a conocer la teoría de que el VIH había surgido de simios y un periodista americano se lanzó hacia los científicos africanos para preguntarles: “¿Es verdad que los africanos mantienen relaciones sexuales con monos?”. Sin ocultar su regocijo, Piot tradujo la respuesta: “No, pero yo tengo oído que los americanos las tienen con perros”. En la actualidad, es la insinuación de canibalismo la que contamina la ciencia. En la reciente revitalización del debate en los medios de comunicación sobre el origen del VIH, uno de los principales actores ha sido el fotógrafo y ecologista suizo Karl Ammann. Hace once años, Ammann compró una cría de chimpancé a un cazador que acababa de dar muerte a la madre del animal. Ammann, que no tiene hijos, dice que el chimpancé le despertó su “instinto paternal” y el animal duerme hoy con él y con su mujer, todos juntos.
Ammann, que era director de marketing hotelero, ha intentado llamar la atención de la opinión pública sobre el hecho de que el negocio de la “carne de las ramas” va a hacer que desaparezcan los grandes primates. Tiempo después, oyó hablar de las investigaciones de Hahn. Tuvo la sensación de que aquella era una oportunidad de oro y le facilitó las fotografías, deliberadamente espantosas, que le hicieron arrancar en su audiencia murmullos de desaprobación. Desde su casa de Kenia, una finca de 15 acres (unas seis hectáreas) en la que tiene empleados a sirvientes negros, Ammann no culpa a los africanos de ser el origen del SIDA. “El occidental medio oye hablar tanto de los problema de Africa que está hasta las narices, harto de todo: “¿que una pandilla de africanos se ha comido una pandilla de monos? Bueno y, a mí, ¿qué?”. Pero, si esa costumbre en particular le ha traído el SIDA, resulta que tiene que cambiar su forma de vida. Por culpa de la forma de vida de unos individuos que comen monos en Africa, resulta que tiene que ponerse un condón”.
La científica camerunesa Judith Torimiro estudiaba en la London School of Hygiene and Tropical Medicine (Academia de Higiene y Medicina Tropical de Londres) cuando las investigaciones de Hahn saltaron a los medios de comunicación, y recuerda una discusión entre sus compañeros de estudios: “Estaban hablando de la posibilidad de transmisión de la enfermedad cuando los cazadores descuartizan la carne y, entonces, preguntó alguien: “¿qué pasa si se la comen?”. Y la siguiente pregunta fue: “¿cocinan esa carne de alguna forma?”. “Claro que sí”, dije yo, “y yo me la como. Mi madre solía preparárnosla”.
Hace una pausa y, con un tono en el que se advierte su aflicción, añade: “¿Cómo eran capaces de preguntar que si cocinábamos la carne?”. Los italianos comen `carpaccio’ y los japoneses, `sushi’, así que la pregunta no tenía necesariamente tintes racistas. Sin embargo, dada la historia del continente, la pregunta despierta los recelos de los africanos, los mismos que afloran cuando Ammann hace afirmaciones como la de que “las potencias coloniales y los misioneros se las habían arreglado para acabar con el canibalismo. ¿Cuando vamos a abordar el canibalismo del otro 98,4 por ciento?”. A ojos de muchos africanos, esta retórica inflamatoria desacredita los avances científicos sobre el SIDA. A fin de cuentas, si los blancos creen que comer animales equivale a canibalismo y que los africanos tienen relaciones sexuales con monos, ¿cómo va a ser verdad lo que digan?.
Roy Mugerwa es el principal investigador del primer ensayo de una vacuna contra el SIDA en Africa. Aunque la vacuna ya había sido probada en Europa y en Estados Unidos, Mugerwa tuvo que insistir durante más de tres años en que se iniciaran las pruebas, y hasta tuvo que comparecer ante el parlamento. Recuerda él que una de las argumentaciones más habituales era que “los blancos dicen que el SIDA tuvo aquí su origen y ahora resulta que traen una vacuna, lo que va a hacer que empeoren las cosas”. Mientras se empezaba a abrir el debate sobre la vacuna contra el SIDA, el gobierno dió a conocer una iniciativa para erradicar la poliomielitis de Uganda.
En pleno cuadro de recelos y miedos, un locutor de radio anunció que la vacuna de la polio podía estar contaminada con un VIH activo. A consecuencia de ello, se dejó sin vacunar a miles de niños, lo que les convertía en susceptibles de quedarse paralíticos. “¿Por qué -pregunta Murgewa- los bulos tienden a creerse con más facilidad que las verdades?”. ¿ Nadie sabe con qué frecuencia los virus del SIDA saltan la barrera de las especies pero, cuando lo hacen, lo que suele ocurrir es lo que le sucedió al Individuo 11008, tal y como se le conoce en la literatura científica.El Individuo 11008, una mujer de 52 años, residente en Sierra Leona, que se ganaba la vida con la agricultura, fue una de las 9.300 personas a las que Marx examinó en busca de un virus denominado VIH-2. Un hecho poco conocido es el de que existen dos diferentes epidemias de SIDA. La principal -que ha acabado con la vida de más de 16 millones de personas, según estadísticas dadas a conocer esta semana- está provocada por el VIH-1.
Pero hay otra epidemia de SIDA, de mucha menor extensión y concentrada en Africa occidental, causada por el VIH-2, un virus de menor virulencia y de transmisión más difícil que, sin embargo, es capaz de matar. Mientras que el VIH-1 proviene de los chimpancés, casi con toda certeza, el VIH-2 proviene del mangabey, un mono de pelaje negrísimo.
El Individuo 11008 dio positivo a los anticuerpos del VIH-2. Sin embargo, cuando Marx examinó el virus del que era portadora, se encontró con que era muy diferente de cualquier otro VIH-2 conocido, aunque estuviera claramente dentro de la familia. Aquello era lo que los virólogos denominan un “subtipo” diferente o “clade”, que en griego quiere decir `rama’. Un “grupo” indica, por lo general, una pequeña variación en el código genético de los virus -normalmente, un individuo seropositivo tendrá varios grupos en su cuerpo- mientras que un subtipo o clade es mucho más diferente desde el punto de vista genético. Los científicos han identificado 11 subtipos dentro del grupo principal del VIH-1 y seis subtipos dentro del VIH-2. El virus del Individuo 11008 fue clasificado como subtipo F. Hasta hoy, no se ha encontrado en ninguna otra persona. Es más, el subtipo F es tan distinto, genéticamente hablando, que lo más probable es que no evolucionara a partir de uno de los subtipos comunes sino que se introdujera en los seres humanos, muy posiblemente en el Individuo 11008, que declaró que había comido mangabeys negros.
“Es un caso de virus híbrido que no ha conseguido los apoyos necesarios para transformarse en una epidemia”, añade Marx. El origen de un virus y el origen de una epidemia son diferentes. El primero es puramente biológico; el segundo es tanto biológico como social. Los virus son parásitos; se reproducen exclusivamente a base de parasitar la maquinaria de las células. Así pues, un virus que pase de una especie a otra debe ser capaz de actuar sobre células que sean diferentes, biológicamente, de aquellas que le sirvieron de huésped original. Si el virus no es capaz de reproducirse de manera eficaz, no será capaz de pasarse de una persona a otra. Muchos virus son incapaces de hacerlo. Hahn y el conocido investigador del SIDA David Ho examinaron el caso de otra persona infectada con un subtipo único de VIH-2. El tal paciente nunca mostró síntomas externos; de hecho, los inverstigadores sólo consiguieron extraer fragmentos del virus, huellas de su fracasado intento de sobrevivir en seres humanos. Pero es posible que, incluso aunque un virus pueda reproducirse de manera eficaz, no llegue a desencadenar una epidemia.
En 1976, murió, a causa de una misteriosa enfermedad, un marinero noruego que había estado en Africa occidental. Su mujer y uno de sus tres hijos también fallecieron, ambos con sus sistemas inmunológicos completamente aniquilados. “Ahora bien, los noruegos están muy bien organizados -declara François Simon, un investigador francés que estudia la diversidad de VIH-, de modo que conservaron muestras de los tejidos”. Esas muestras dieron positivo al VIH-1; el marinero noruego constituye el primer caso de SIDA conocido en Europa. Sin embargo, a pesar del hecho de que su virus fue capaz de propagarse, obviamente, desapareció con su mujer y su hijo. Los subtipos víricos que han aterrorizado al mundo son genéticamente muy diferentes del virus del marinero pero, sin embargo, su VIH era de la misma y rarísima variedad que iba a aparecer más de un cuarto de siglo después en la camerunesa de 26 años de Zekeng: Grupo O. En otras palabras, constituía una minúscula epidemia en sus primeros pasos. En ciertas zonas del Camerún, representa en la actualidad el cinco por ciento de todas las infecciones del VIH-1.
Los virus del SIDA han existido probablemente en muchos animales diferentes durante miles de años, quizás aún por más tiempo. Se ha descubierto en las vacas un virus de inmunodeficiencia bovina (VIB), mientras que el virus de inmunodeficiencia felina (VIF) infecta a gatos domésticos, leones, leopardos y a los pumas norteamericanos. Ahora se ha descubierto que muchas especies de monos son portadoras del VIS, (el hecho de que el virus se encuentre en tantas especies de monos abona la opinión de que ha circulado entre ellas durante mucho tiempo, mientras que el VIH sólo se ha introducido en amplias capas de población humana a partir de los años setenta. Esta es una de las razones por las que los científicos están convencidos de que el virus pasó de los simios a los seres humanos, y no al revés). El “depósito” de virus animales del SIDA, asegura Simon, “es infinito”. Entonces, si durante tanto tiempo ha existido un océano tan vasto de virus de inmunodeficiencia, ¿por qué ahora, exclusivamente, se ha producido una epidemia? ¿Por qué no en la época del comercio de esclavos, cuando millones de africanos fueron arrebatados de las zonas en las que se han originado tanto el VIH-1 como el VIH-2?
Hubo ahí una enorme mezcla de poblaciones y, con frecuencia, las esclavas eran violadas, lo que daba a los virus grandes oportunidades para propagarse. Sin embargo, no estalló epidemia alguna o, si es que la hubo, fue de corto alcance y se extinguió como el virus en la familia del marinero noruego. Por el contrario, en los últimos setenta años se han declarado dos grandes epidemias de SIDA, y eso sin tomar en cuenta la micro-epidemia del Grupo O. Esto es lo que tiene obsesionado a Marx: “Algo que tiene que ver con el siglo XX ha modificado la ecología entre el VIS y el VIH y ha dado lugar a que se declaren estas epidemias. Y no sabemos qué puede ser”. Un nuevo libro, `The River’ (‘El río’), de Edward Hooper, sostiene que la vacuna oral de la poliomielitis ha introducido el VIS en los seres humanos, debido a que es posible que determinadas partidas de la vacuna se hayan cultivado en los riñones de chimpancés infectados del VIS.
“Plausible, pero improbable”, afirma Ho. Los chimpancés son subespecies que no se utilizan en este campo y la investigadora Bette Korber, del Laboratorio Nacional de Los Alamos, está lista para presentar en breve sus descubrimientos en el sentido de que el VIH evolucionó a su forma actual, con toda probabilidad, décadas antes de que se inventara la vacuna de la poliomielitis (no obstante, en breve se procederá a analizar las existencias que todavía quedan de los lotes de vacuna a los que Hooper alude). Una idea más plausible es que transfusiones de sangre y jeringuillas hipodérmicas -que en Africa suelen reutilizarse sin esterilización previa- aceleraran la evolución y la propagación de nuevos tipos de VIH, al proporcionar a dichos virus más oportunidades de adaptación a la biología humana. Además, como es natural, una vez que los virus se hubieran adaptado, las jeringuillas facilitarían que se propagasen, como lo han hecho entre los drogadictos seropositivos a lo largo y ancho de los Estados Unidos.
Aún así, jeringuillas y transfusiones no son, probablemente, toda la historia. A fin de cuentas, los curanderos africanos tradicionales reutilizan chuchillas para realizar incisiones medicinales en sus pacientes y los más viejos reutilizan cuchillos para las escarificaciones rituales. Lo que ha hecho que un virus viajero estalle en una epidemia es, casi con plena seguridad, la convulsión cultural que ha sacudido Africa. Camerún, un país más pequeño que España, tiene más de doscientas lenguas indígenas. Al término de la Primera Guerra Mundial, la dominación colonial impuso tan sólo dos lenguas nacionales -inglés y francés-, lo que permitió que pueblos entre los que jamás habría habido matrimonios, y ni siquiera relación, los tuvieran. Carreteras, ferrocarriles y viajes en avión han dado lugar a que las personas vayan de un lugar a otro y se entremezclen con mucha mayor facilidad que antes. Además, el fenómeno de urbanización ha concentrado a enormes masas de población en un único lugar, en el que la pobreza y la quiebra de las culturas tradicionales han llevado a una prostitución a escala industrial.
En los primeros tiempos de la epidemia, se observó que los casos de VIH se concentraban en las ciudades a lo largo de las rutas africanas de transporte por carretera, debido a que los camioneros frecuentaban prostitutas. Marx aspira a entender todo lo que le sea posible sobre la aparición del VIH, tanto desde el punto de vista biológico como desde el social, con la esperanza de prevenir la aparición de nuevos virus. De hecho, ya han surgido nuevos microbios. “Ahí está la hepatitis C. No hay una explicación satisfactoria para el surgimiento de este virus -afirma Marx-. ¿De dónde procede?”. ¿De dónde provienen los virus, punto? El VIH es un retrovirus, que copia su código genético en el ADN de su huésped. Así que, quizás, añade Robert Gallo, codescubridor del VIH, el virus empezó como una especie de mensajero genético, que transportaba segmentos clave de ADN entre los primitivos organismos vivos.
“¿Tuvieron los virus algún papel en la evolución, quizá un papel en la definición de las especies o en la vida embrionaria? ¿O surgieron directamente como ADN inútil, sin propósito alguno? ¿Qué papel representaban? No tenemos ni idea”. ¿ Si bien la historia de los VIH resulta fascinante, la pregunta más urgente tiene que ver con sus futuro. El escenario `hollywoodiense’ consiste en que podría surgir un “supervirus” del SIDA todavía más mortal o de más fácil transmisión. “No es probable”, asegura Simon. Muchos científicos creen que lo que más interesa a un virus es no matar a su huésped, de modo que el virus podría evolucionar hacia formas más benignas. Sin embargo, lo que más le interesa a un virus es también hacerse más fácilmente transmisible, en cuyo caso es igual que el virus mate a su huésped porque seguirá viviendo si se propaga a otros nuevos pacientes. Es más, Simon tuvo que examinar muchos miles de muestras de sangre para encontrar nada más que cinco casos de la variedad más reciente del VIH-1, el Grupo N.
Está claro que los nuevos virus son raros. Pero se dan y, incluso aunque no sean más virulentos, todavía plantean problemas. Por una parte, podrían escapar a la detección en los análisis y, de esta forma, pasar a la corriente sanguínea. Podrían también ser capaces de resistir los fármacos o una vacuna. Simon y sus colegas han descubierto que una variedad del VIH, el subtipo G, ya es resistente a dos, por lo menos, de los potentes inhibidores de la proteasa que han dado a los pacientes occidentales una nueva oportunidad de vivir. De hecho una “signatura” de este subtipo es una mutación que convierte a los fármacos en menos eficaces.
El VIH es extraordinariamente proteico, con un promedio de una alteración de su código genético cada vez que infecta una nueva célula, operación que realiza millones de veces cada día en cada paciente. El cálculo es de vértigo. Con decenas de millones de personas infectadas en todo el mundo, el VIH probablemente llegue a cambiar cada letra de su código genético varias veces al día. Pero el VIH puede saltar por encima, incluso, de su ya rápido ritmo de mutación mediante la “recombinación”.
Si una persona cae infectada por dos diferentes grupos, dichos grupos pueden mezclar a continuación su material genético, mediante una especie de relaciones sexuales víricas, para formar un grupo híbrido. Mediante la recombinación, un virus es capaz de transformarse a sí mismo de manera instantánea y radical. A lo largo de este proceso, se forman a su vez varios subtipos de VIH. Esta es una de las razones para estudiar el origen del VIH. Algunos investigadores sueñan con el avance científico de unos nuevos microbios que podrían cortocircuitar la evolución de los virus y proteger a los seres humanos. De momento, sin embargo, la recombinación proporciona motivos más que suficientes para temer que nuevos tipos de VIH se introduzcan en los seres humanos: cuanto mayor sea la variedad de grupos, mayores serán las posibilidades de que recombinen sus partes en un subtipo aún más peligroso. “Hay una ingeniería genética en permanente avance en la naturaleza -afirma Piot, de UNAIDS-. El virus experimenta consigo mismo”.
“El caso más sorprendente que he visto en los últimos seis meses -cuenta Zekeng- ha sido el de un hombre que me remitieron desde la unidad de tuberculosos. Tenía una enfermedad del pecho, pero no era tuberculosis. Había perdido peso. Tenía un cáncer relacionado con el VIH en el tobillo. Y tenía una fiebre persistente”. En resumen, un caso típico de SIDA. “Y sin embargo, dió negativo una y otra vez en seis análisis diferentes, como mínimo”. Zekeng ha enviado ya en dos ocasiones sangre de este hombre a uno de los laboratorios más avanzados de Alemania, pero no le han detectado ningún virus. “¿A ver si va a ser esto el VIH-3? -pregunta Zekeng-. No lo sé?”.
Fuente: El Mundo.es
Palabras clave: Africa, Gabon, Mark Schoofs, SIDA, VIH
