Si usted ha tenido una gripe no vuelve a contagiarse a causa del mismo , pero puede seguir enfermando de gripe. Se debe a que en cada ocasión es atacada por una versión diferente del original. Así es como trabaja un

El tamaño de los virus fue lo que los mantuvo escondidos de los científicos por cientos de años, y el tamaño ha seguido siendo hasta el presente parte importante del misterio viral. La existencia de las bacterias se conocía desde hacía décadas, pero en el siglo 19 los científicos ya se habían percatado de que las bacterias no provocaban todos los males; por ejemplo, ¿qué causaba la viruela?

Hubo que esperar el desarrollo de los microscopios electrónicos (los virus no son visibles con el microscopio regular) para observar las primeras imágenes de esos nuevos y sombríos caracteres que los investigadores llamaron virus.

El virus típico es 100 veces más chico que una bacteria, pero el minúsculo tamaño de los virus es sólo una de las características que ha confundido a los científicos.

Los virus no pueden ser calificados como ‘organismos vivientes’, ya que no pueden reproducirse por sí mismos. De hecho, necesitan la ayuda de otros seres para sobrevivir. Un virus tiene que invadir una célula viva, apoderarse del material genético de ella, y utilizar ese material para comenzar a producir ‘réplicas de sí mismo’.

Al referirse a la multiplicación de las bacterias, los expertos dicen que se ‘reproducen’ (como ocurre con todo ser viviente), pero para referirse a la multiplicación de los virus, que no son propiamente seres vivos, los expertos dicen que se ‘replican’.

Las sustancias diseñadas para luchar contra los virus tienen que ser especialmente engañosas, ya que el reto es deshacerse del virus sin eliminar las células normales, de lo contrario se eliminaría el virus y las células del cuerpo terminarían envenenadas junto con él.

Por esta razón, no es sorprendente que existan menos medicamentos para tratar las enfermedades virales que las enfermedades bacteriales. Una situación que frustra a los médicos y a los pacientes por igual.

Cuando la gente tiene un síndrome viral de algún tipo, se pregunta por qué no puede ser tratada con antibióticos, que es lo que normalmente se les recetaría si tuviesen una infección bacterial. Pero los antibióticos no funcionan contra los virus.

Y aun cuando se dispusiera de una medicina antiviral, eso no garantiza nada ya que los virus son muy variables, adaptables y escurridizos. Pueden existir muchas variaciones de un mismo virus. Los expertos les llaman ‘cepas’.

Por ejemplo, se sabe que un virus es el responsable del resfriado común, pero se han identificado cientos de cepas de ese virus.

Una persona que ha tenido un resfriado, no vuelve a enfermarse a causa del mismo virus, pero puede seguir resfriándose con cepas diferentes de ese virus.

Los virus pueden mutar o cambiar su estructura genética para evitar la destrucción. Como resultado de ello, un fármaco diseñado para destruir una proteína viral
en particular, o para evitar que un virus se multiplique, puede detener una infección la primera vez, pero no la siguiente.

En el caso de la , la mutación viral puede complicar en gran medida el interés de los científicos en producir una que permita la prevención de este tipo de gripe.

El problema es que varias cepas distintas del virus de la influenza pueden causar la gripe. El virus de la influenza sufre mutaciones tan frecuentes que la vacuna que es efectiva para un año será predeciblemente inefectiva para el año siguiente, debido a que para ese entonces el virus ya habrá cambiado.

Una vacuna contra la influenza contiene pequeñas cantidades de material viral que induce al cuerpo a producir proteínas protectoras llamadas .

En teoría, los anticuerpos protegen contra las infecciones si el virus trata de invadir a una persona que ha sido vacunada. Pero, por razones que todavía no son completamente bien entendidas, el efecto protector de las vacunas disminuye con el tiempo.

Por eso, para mantener una adecuada protección contra el virus de la influenza se requieren dosis suplementarias (periódicas) de nuevas vacunas, producidas en tiempos recientes, ojo aquí pues lo mismo pasaría en caso de encontrar una vacuna contra el *

Algo que también es poco comprendido es la habilidad que tienen los virus de permanecer escondidos en el cuerpo sin ser detectados (en el caso del VIH, eso representa un falso negativo*), un fenómeno que se conoce en el ambiente científico como ‘estado latente’. Una vez que un virus entra en el cuerpo, puede infiltrarse en ciertas células o tejidos y permanecer oculto a la espera del momento oportuno para desatar una infección.

El virus del herpes simple (VHS) ofrece un buen ejemplo del ‘estado latente’. Un tipo de VHS causa infecciones genitales (pequeñas verrugas); se le llama ‘herpes genital’. Otro tipo causa el herpes labial que conocemos como /fuego labial’.

Una vez infectada por cualquiera de estos virus, una persona permanece susceptible a los brotes. Pueden pasar meses o años sin que el virus se manifieste, pero la infección es capaz de activarse en cualquier momento en respuesta al estrés o una debilidad del sistema inmunológico (en el herpes genital, aun cuando no existan síntomas externos, la persona que lo alberga puede infectar a otra).

El VIH o virus del es también un buen ejemplo del ‘estado latente’; muchas personas que tienen el virus no manifiestan la enfermedad. Los médicos les llaman ‘seropositivos’. Quiere decir que el análisis de sangre indica que tienen la infección, pero no presentan los síntomas de la enfermedad.

A pesar de su naturaleza compleja, los virus no siempre son tan nefastos como parece. De hecho, algunas infecciones virales se resuelven por sí solas o siguen su curso sin requerir de tratamiento; es el caso de los resfriados, que son causados por un virus, y no hay cura conocida para ellos; por eso los sufrimos una y otra vez
durante nuestras vidas.

En el extremo opuesto de la gripe, se encuentran condiciones serias e incluso amenazadoras para la vida, que se derivan de infecciones virales, como la neumonía, la
hepatitis, la meningitis, la encefalitis y el SIDA.

Así podemos decir que un virus -cualquiera que este sea- disminuyen la capacidad de protección del sistema inmunológico, que es el responsable de evitar el crecimiento de células anormales*. En este sentido, mientras el sistema inmune lucha contra el virus, éste parece mantenerse a la espera de que algo debilite la inmunidad de la persona para llevar a cabo su ataque devastador.

 

Fuente: Vanguardia

* Notas del Editos SIDA-AIDS Tu portal de Información

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