Este año (2011) el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (), cumple 30 años de haber aparecido en los Centros de Salud en los Estados Unidos de América, su presencia ha hecho correr ríos de tinta no sólo entre los sectores médicos especialistas, sino también, en campos de sociales, asimismo, esta enfermedad se ha concebido como un mal propio de sectores específicos y marginados, sin embargo, las estadísticas han logrado derruir esta percepción convirtiendo al virus en una pandemia a escala mundial. De esta forma en se ha distinguido por ser un detonante de temores, miedos y asombros.

Su parvo conocimiento por parte del público en general, ha contribuido a crear una multiplicidad de significados negativos, los hombres que mantenían prácticas sexuales con otros hombres fueron los primeros en vivir esta turbación. No obstante, estarían solos por poco tiempo, para mediados de los años ochentas, hombres, mujeres y niños, sin importar su variabilidad biológica, sus preferencias sexuales, edad o creencias religiosas, llegarían a los centros de salud a consecuencia de enfermedades oportunistas ocasionadas por el SIDA.

De esta manera la enfermedad se fue abriendo paso por todo el globo terráqueo, concentrándose en mayor medida en zonas geográficas con pobreza multidimensional (como el caso de la región subsahariana en el continente africano) y de esta forma su presencia confirmaba su apelativo de pandemia.

Por otra parte aunque las investigaciones en los terrenos químicos, médicos y epidemiológicos conocían un poco más las características de esta enfermedad e intentaban crear medicamentos más eficaces para controlar los niveles de infección, la construcción que se había concebido sobre este virus como un agente apocalíptico y sectario, continuaba apareciendo recurrentemente dentro del imaginario colectivo.

Este hecho no se ha modificado substancialmente en los últimos años, razón por la cual la fisura conceptual se profundiza día a día y aunque distintas asociaciones, gubernamentales y civiles han intentado crear estrategias para disminuir esta peligrosidad construida, el eco no ha sido suficiente y los medios masivos de comunicación continúan dando información parcial y escasa sobre esta enfermedad.

Ahora bien, desarrollar la problemática que ocasiona el VIH en nuestra sociedad, sugiere hacer una revisión minuciosa y detallada de la enfermedad, a partir no sólo de las prácticas sexuales, sino también del capital cultural en el que estén insertos los individuos.

En este sentido, el presente texto, explora las particularidades de un pequeño grupo de hombres que refieren tener prácticas exclusivamente con mujeres, esta dinámica no fue nada fácil, ya que implicó hablar de la diversidad que existe dentro de este grupo, las variables, las diferencias y todas aquellas características sociales y culturales que hacen de cada individuo un sujeto diferente.

Por otro lado y en contraste con las prácticas sexuales de hombres con hombres, los grupos heterosexuales generan vínculos de reproducción con sus parejas, esto, crea altas probabilidades de transmisión dentro de su núcleo familiar.

De esta manera, el VIH es un padecimiento que permite estudiarse desde distintas perspectivas y con diferentes enfoques por lo que aquí sólo se intenta describir y analizar algunas de las múltiples representaciones que se construyen del VIH a partir del diagnóstico positivo al virus.

Esta investigación se desarrolló entre el año 2003 y 2004 en la ciudad de y se basa en la información obtenida de entrevistas en profundidad realizadas a un grupo de hombres con residencia en el Estado de y el Distrito Federal que fueron diagnosticados como VIH positivos debido al escaso y nulo uso de condón.

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Colaboración:  Bernardo Robles. Antropólogo físico por la Escuela Nacional de la Antropología y de la Historia (ENAH), Ciudad de México. [email protected]

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