Al final de la década de los noventa, el porcentaje de adultas que vivía con VIH/ a nivel mundial, se estabilizó. Según datos del 2007, los más recientes disponibles, dicho porcentaje se ubica en un 50,2%. Hoy son casi 15.5 millones de las que viven con VIH/SIDA a nivel mundial, de los cuales, más de tres cuartos residen en África.

En las historias que figuran a continuación, tres mujeres nos cuentan cómo superaron la violencia y la desigualdad por razones de género y cómo viven con el VIH/SIDA.

Es posible apreciar grandes disparidades a nivel regional. Por ejemplo, entre los adultos de la región africana de la OMS, existe una tendencia en la que más mujeres viven con VIH/SIDA en comparación con los hombres, con un porcentaje que alcanza el 60%. Se trata también de la región con más miembros del sexo femenino afectados por el virus. La región menos afectada es la del Pacífico Occidental en donde sólo el 28 por ciento de los adultos infectados son mujeres.

Desde el punto de vista físico, las mujeres son más sensibles al virus que los hombres, y la violencia de género aumenta su vulnerabilidad. La violencia contra la mujer está ya reconocida como una violación de los derechos humanos, y se ha convertido en una cuestión de salud pública que se solapa peligrosamente con la epidemia de VIH/SIDA. La primera relación sexual de muchas niñas y mujeres jóvenes es forzada; las agresiones o el temor a la violencia son una realidad cotidiana como, cada vez más, el VIH/SIDA.

Romper el ciclo de la violencia: la historia de Balabwa

Balabwa es una estudiante de Ciudad del Cabo. Hace dos años descubrió que era seropositiva. «Me contagió el VIH mi tío, que me violó a los 19 años», nos cuenta:

«La gente me juzgaba; al principio eso me asustaba y perdí la confianza en mí misma.»

«Sin embargo, sabía que no era la única en esa situación. Había más chicas como yo, que habían sido violadas por hombres mayores debido a la creencia de que si un adulto seropositivo se acuesta con chicas jóvenes, la enfermedad se cura. Eso es completamente falso; se trata de uno de los muchos mitos en torno a la propagación del VIH en Sudáfrica.»

Tras haberle diagnosticado que era VIH-positiva, Balabwa descubrió que también tenía tuberculosis. Perdió peso y se puso muy enferma. «Los médicos me dijeron que me quedaban pocos días de vida.»

Balabwa recibió inmediatamente tratamiento contra la tuberculosis y después fue admitida en un programa gratuito de tratamiento antirretroviral del VIH/SIDA puesto en marcha por Médecins Sans Frontières. «Tuve mucha suerte de recibir tratamiento gratuito; no todos los enfermos de SIDA tienen acceso a tratamientos en el lugar donde viven.»

«Tomo un comprimido dos veces al día, así que no me resulta difícil seguir el tratamiento.»

«Los medicamentos me devolvieron las fuerzas y la vida. Ya no me siento enferma y quiero utilizar mis nuevas energías para ayudar a acabar con la violencia contra la mujer y con los mitos que existen en torno al VIH/SIDA.»

Balabwa decidió unirse a un grupo de acción de mujeres de su localidad. Como portavoz, comparte sus experiencias con otras niñas y mujeres, y juntas tratan de encontrar la manera de que las niñas y las mujeres dejen de ser vulnerables al VIH como consecuencia de violaciones y de otros actos de violencia.

Ahora Balabwa ve el futuro con optimismo. «Espero terminar pronto mis estudios», nos dice en su casa, rodeada de sus hermanos y hermanas. «Mi sueño es llegar a ser médico algún día.»

Una nueva vida gracias al acceso a los tratamientos: la historia de Phala

Phala tiene 24 años y es seropositiva desde hace dos. Vive en un departamente de una sola habitación en las afueras de Phnom Penh, con su madre y su hijo David.

Phala, que estuvo felizmente casada en otra época, dice que el mundo se le vino abajo cuando se puso enferma y descubrió que era seropositiva. Su marido, que fue quien ella cree que la infectó, se marchó de casa. Phala quedó completamente destrozada y perdió las ganas de vivir.

La madre de Phala hizo todo lo posible por animarla y convencerla de que sus seres queridos la necesitaban, en especial David. Les preocupaba el niño y quién lo cuidaría si ellas morían.

Hace un mes, la vida de Phala cambió. Se puso en contacto con médicos de la organización Médicos del Mundo, y finalmente se le proporcionó el tratamiento antirretroviral que le salvaría la vida.

«No sé si fueron los medicamentos o el hecho de saber que se puede hacer algo para luchar contra el SIDA y no tenía por qué morir, pero empecé a sentirme mejor y a recuperar fuerzas enseguida», dice Phala. «El tratamiento me ha hecho tener la esperanza de que veré crecer a David.»

Phala quiere estar segura de que está tomando los medicamentos correctamente y consulta a los médicos. «No se trata simplemente de tomar medicamentos, sino también de ser responsable: hay que seguir los regímenes adecuados, comer bien y cuidarse.»

Actualmente, la madre de Phala sigue ayudando a la familia con los escasos ingresos que obtiene como lavandera, pero, Phala se siente cada día mejor y está deseando poder volver a trabajar y llevar una vida normal.

Sobrevivir a la guerra, a la violencia y al VIH/SIDA: la historia de Francine

Francine vive con sus hijos en Kigali, Rwanda. Su marido fue asesinado hace 10 años durante el genocidio. Francine fue víctima en repetidas ocasiones de violaciones en banda por las milicias invasoras. Más tarde descubrió que los violadores le habían transmitido el VIH.

«Una semana antes de que empezara el genocidio, tuve que marcharme de casa para buscar un lugar seguro, porque mi marido era un tutsi conocido y era peligroso salir a la calle. Cuando llegué a casa de unos amigos, descubrí que habían matado a la familia. La milicia se había apoderado de la casa. Empezaron a preguntarme qué hacía allí y qué era lo que quería. Intenté irme, pero no me dejaron. Cuatro hombres me violaron durante ese día y la noche siguiente.»

«Tres años más tarde enfermé. Me salieron quistes en el cuello. En aquellos momentos, era muy difícil conseguir cualquier tipo de medicación, así que acudí a una organización que ayuda a las viudas del genocidio. Me hicieron pruebas y me confirmaron que era seropositiva. No sabía qué hacer. Estaba asustada. Me sentí como si ya estuviera muerta.»

Los médicos operaron a Francine de los quistes y le dieron tratamiento para la tuberculosis, una enfermedad que ni siquiera sabía que tenía. Cuando se curó de la tuberculosis, le dieron un tratamiento antirretroviral contra el VIH/SIDA.

«Poco después de empezar el tratamiento contra el SIDA comencé a notar que recuperaba poco a poco la energía. Empecé a ver la vida de otra manera, y a pensar menos en el pasado y más en el futuro.»

Actualmente, Francine y sus hijos trabajan en su pequeña parcela. Aunque ésta produce apenas lo suficiente para mantener a su familia, Francine está contenta de tener fuerzas para trabajar.

Francine desea poder continuar el tratamiento contra el VIH/SIDA para ser capaz de cuidar de sus hijos. «Son jóvenes y viven sin preocupaciones. Todos los días los miro y me pregunto qué habría sido de ellos si no hubiera recibido tratamiento. Afortunadamente, estoy sobreviviendo.»

Fuente: OMS

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