El fenómeno del chemsex —acrónimo de la expresión inglesa chemical sex puede incrementar la probabilidad de contraer una de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y generar dependencia a sustancias tóxicas. Sin lugar a duda una problemática que requiere de la acción del campo medico y psicológico

Hasta la fecha, eran los centros comunitarios los que, por su proximidad al colectivo que más lo practica, detectaban las consecuencias de este fenómeno, que se caracteriza por consumir varios tipos de con el objetivo de mantener relaciones sexuales durante un largo período de tiempo. Aunque sigue siendo un fenómeno residual entre el grupo de mayor incidencia, los hospitales también se han puesto en alerta. El Clínic ha comenzado a hacer encuestas a los pacientes con sospecha de practicar chemsex para conocer la dimensión del fenómeno y en Vall d’Hebron están estudiando crear un circuito asistencial para dar una atención multidisciplinar a estos casos.

“Nosotros vemos los casos clínicos y eso es solo la punta del iceberg”, apunta el doctor Josep Mallolas, del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Clínic. Ellos solo atienden a pacientes que han tenido una o una intoxicación por el consumo de alguna sustancia vinculada, por ejemplo. Pero, en realidad, se desconoce la incidencia de esta práctica porque tampoco todas las personas que practican chemsex desarrollan una problemas asociados. “Cuando pasas de practicarlo de forma esporádica a que sea algo común es cuando hablamos de dependencia a ese tipo de relaciones sexuales”, agrega el psiquiatra de Vall d’Hebron, José Antonio Navarro.

Lo que sí han constatado los expertos, no obstante, son los riesgos para la de este fenómeno. Un estudio del centro comunitario BCN Checkpoint ha confirmado que el riesgo de infección de entre los hombres gais que practican chemsex es tres veces mayor, aunque apostillan que los resultados no son extrapolables a toda la población homosexual. También tiene sus riesgos psicosociales, como dependencia a sustancias o problemas de salud mental.

El Clínic ha puesto en marcha una encuesta interna y anónima para conocer el fenómeno, todavía incipiente. “Queremos ver dónde estamos”, explica Mallolas, pues la de pacientes con consumo problemático de chemsex “es anecdótica”. “No se vive como un problema, así que no se consulta. Si los detectamos es porque vienen con otro problema médico, como lesiones perianales, ITS, intoxicaciones… Cuando hay dependencia a alguna droga también hay posibilidad de desarrollar un problema psiquiátrico, como depresión o un brote psicótico”, señala. La encuesta, que es anónima y voluntaria, permitirá “identificar la magnitud del problema” y, según los resultados, crear nuevas redes asistenciales en las que implicar también a psicólogos y psiquiatras.

El hospital Vall d’Hebron, por su parte, también se ha puesto las pilas para atender los casos problemáticos de chemsex. “Hace unos años que constatamos que existe. Nosotros vemos las consecuencias físicas del chemsex: las ITS, las patologías”, señala la doctora María Jesús Barberà, coordinadora de la unidad de ITS del hospital. Hay dos vías de acceso al sistema hospitalario, apunta Navarro: “A través de urgencias, porque llega con un problema físico y luego surge el tema de forma espontánea porque de entrada les resulta difícil de explicar; o por contacto por alguna ITS”. El psiquiatra matiza que no solo se dan casos entre el colectivo gay, sino también entre personas bisexuales y heterosexuales.

En cualquier caso, el abordaje, coinciden los médicos, no es exclusivamente clínico. “Nosotros somos médicos clínicos que tratamos la infección pero estos casos tienen un contexto complejo y somos conscientes de que debemos coordinarnos con otros especialistas”, admite Barberà. La doctora ha iniciado conversaciones internas para poner en marcha un circuito con otros especialistas del hospital “para abordar el chemsex de una forma más dirigida”.

Fuente: El País

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