Hasta hoy, se considera que la no tiene cura, pero existen casos peculiares en donde personas portan el virus sin sufrir las consecuencias de la infección; incluso se conoce un caso de erradicación completa del virus.

Existen dos abordajes principales mediante los cuales los científicos buscan una cura para la infección por VIH: uno de ellos es llamado cura funcional y el otro cura esterilizante, explica Gonzalo Salgado.

La cura funcional tiene por objetivo hacer visible el VIH para que el propio lo combata pero sin activar las células T CD4+, pues de lo contrario se crearía un círculo vicioso en el que se están matando reservorios del virus al mismo tiempo que se crean nuevos, precisa el investigador.

Cuando el VIH se encuentra “escondido” en una célula reservorio, no es posible para el organismo detectarlo. Lo que se busca es que estas células infectadas produzcan proteínas del virus que puedan ser reconocidas por el sistema inmunológico, para que otros linfocitos llamados T CD8+ puedan detectar y eliminar las células infectadas.

Estos linfocitos T CD8+ tienen la capacidad de matar las células infectadas a través de gránulos citolíticos y así combatir la infección por VIH.

Hasta ahora se han logrado avances en esta estrategia en estudios in vitro mediante el uso de fármacos; sin embargo, ninguno de estos tratamientos ha logrado reducir el tamaño del reservorio cuando es usado en pacientes, abunda Gonzalo Salgado.

Por otro lado, la cura esterilizante explora estrategias empleadas en padecimientos oncológicos, como el trasplante de células troncales, quimioterapia y otras metodologías, para erradicar las células infectadas.

Solamente existe en el mundo un individuo que ha sido “curado del VIH”. Este paciente fue tratado mediante el enfoque que ahora se conoce como cura esterilizante. Este individuo es ahora conocido como el paciente de Berlín y su caso ha sido ampliamente estudiado.

El paciente de Berlín era un individuo que, además de ser portador del VIH, sufría de leucemia mieloide aguda, un tipo de cáncer que se caracteriza por la rápida proliferación de células anormales que se acumulan en la médula ósea.

Esta persona recibió un intensivo contra la leucemia a través de radioterapia, quimioterapia y otros métodos. Después de ello recibió un trasplante de médula ósea de un donador muy particular. Este donador tenía un tipo de mutación que impedía que el VIH entrara a sus células, la mutación delta 32 de la molécula CCR5.

Fuente: CONACYT

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