Habrá menos nacimientos de madres adolescentes, según las estadísticas de Educación y Salud, pero la ausencia de un bebé parece esconder prácticas sexuales que, aunque no tienen como consecuencia un hijo, muy bien podrían dejar su rastro en alguna enfermedad de transmisión sexual.

La actividad sexual en los adolescentes es más común de lo que se cree y de lo que sus padres y madres quisieran. Es también peligrosamente “creativa”. Morder los labios hasta hacerlos sangrar parece in en las series de vampiros juveniles, pero en la vida real es una actividad que coloca a cualquiera en el grupo de alto riesgo para ciertas enfermedades.

“La sangre es un conductor de , sobre todo en una población donde la mayoría tiene gingivitis. No es la saliva, pero sirve para transportar el virus”, explicó la facilitadora comunitaria de Taller Salud, Zuly García, quien ofrece servicios de orientación, prueba y referido de a mujeres de 13 años en adelante.

Aunque en los últimos años se ha reportado una disminución en los reportes de enfermedades de transmisión sexual en adolescentes, los 1,624 casos de clamidia del 2011 son, sin duda alguna, significativos, sobre todo si se toma en cuenta que esa cifra es la que corresponde al renglón de 14 a 19 años. De ese número, 1,432 son mujeres. Y, en el segmento de 10 a 14 años, hubo 46 casos.

“En esas edades la enfermedad prevaleciente es clamidia, que puede causar daño en los órganos reproductivos en la mujer, esterilidad y embarazos ectópicos”, explicó José Colón, encargado de la Oficina de Vigilancia de Enfermedades de Transmisión Sexual y quien añadió que el contagio ocurre por contacto sexual vaginal y anal sin protección, pero también puede dar en la garganta.

Precisamente, la educadora García, quien visita escuelas públicas de la zona este, señaló que “las nenas, para no perder la virginidad, están teniendo sin protección, por lo que hay un riesgo mayor de contagio (de las múltiples enfermedades de transmisión sexual)”. Eso, sin duda, demuestra mucho desconocimiento tanto del peligro para su salud como del concepto de estar sexualmente activas. Asocian sexo exclusivamente con el contacto pene-vagina.

“Otra cosa que hemos encontrado es que están mojando tampones en ron y se los están insertando anal o vaginalmente”, reveló sobre una práctica que causa cierto estado de embriaguez y que aumenta el riesgo de contraer infecciones, además de dañar las paredes vaginales porque el alcohol es altamente irritante.

Sobre esta práctica, el catedrático de farmacología y toxicología de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas José Ortiz afirmó que sí se puede absorber alcohol por cualquier parte del cuerpo donde haya mucosa.

Según García, han tenido casos de adolescentes que consumen alcohol, “se van en blanco”, después tienen una enfermedad de transmisión sexual cuyo origen desconocen.

Para “mantener la virginidad”, el roce de pene y vagina, sin penetración, es otra práctica frecuente. “El riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual no se reduce. Reduce la posibilidad de embarazo, pero no la elimina”, manifestó García sobre unos datos que no especifican quiénes practican lo que llaman “brochazo”.

“Cuando les preguntas cuántas parejas han tenido y si han usado condón, ellas te dicen que han estado con uno o dos y dicen que no (han usado profiláctico) porque no se siente igual o ‘porque no han estado nada más que conmigo’”, sostuvo sobre las respuestas que evidencian, por lo menos, mucha candidez.

Al hablarles sobre actividades sexuales seguras como la masturbación, la reacción ha sido de poco interés porque “soy una vaga para eso”.

El , que también se practica, es de ellas hacia ellos, lo que plantea, según la educadora, que en la educación sexual se ha utilizado un lenguaje discriminatorio. “No se les ha dicho (a las niñas) que el sexo no es para complacer a otro”, dijo al afirmar que hay adolescentes sexualmente activas que no saben lo que es un orgasmo. “Es que no se les habla de lo que se puede esperar de las relaciones sexuales, lo emocional y físico”, agregó.

“Uno de los problemas que estamos teniendo en general es que la educación sexual se está enseñando a partir del miedo. Los adolescentes pueden sentir miedo, pero eso no los detiene. El placer es parte integral del ser humano. Si sabes que los adolescentes están en un desarrollo, experimentando cambios en identidad y cómo se relacionan con otra gente, no puedes partir de la premisa de la abstinencia”, analizó.

Fuente: Primera Hora Puerto Rico

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